Como dice el refranero español: "El hombre propone y Dios dispone". Este refrán, recogido hasta por Miguel de Cervantes en la obra del "Ingenioso caballero don Quijote de la Mancha" refleja los obstáculos o imprevistos que nos surgen en la vida y cambian el rumbo de lo que teníamos planeado. Hay otra versión más jocosa pero creo más fiel reflejo de la realidad, que dice "El hombre propone, Dios dispone y la mujer lo descompone", ja, ja, ja, ja.
En esta ocasión, el imprevisto que cambia lo planeado en el discurrir de este blog es un hallazgo fortuito en los paseos matutinos con Amira. Hay varias zonas que suelo frecuentar con ella y que el mercadillo de los miércoles, por ejemplo, condiciona. Así que una buena mañana a principios de mayo, disfrutando del relajante paseo en el que ella marca el ritmo para que le dé tiempo a olfatear, marcar y volver a olfatear, me fijé en el borde de la acera, entre las plantas que han crecido por las lluvias primaverales, y pude ver el cuerpo inerte de un pajarillo.
No será difícil imaginar, teniendo en cuenta las aficiones del que suscribe, que me faltó tiempo para agacharme y con una ramita (no es aconsejable tocar con las manos los cuerpos muertos que encontremos de aves) sacarlo a mitad de la acera. En un principio, me sorprendió su tamaño pues no era un pájaro pequeño, tenía un tamaño considerable similar a un mirlo. Al fijarme en sus plumaje, forma de cabeza, tamaño... me incliné a deducir que tenía ante mí un carricero, tras consultar una de las guías que tengo me convenció que era un carricero tordal.